Entre dos grandes columnas me hallo, a mi izquierda el sol y a mi derecha la luna. Sopla un pequeño torbellino y me despeina por completo, me entró arena a los ojos y he comenzado a lloriquear, se acerca alguien, soy yo, con un balde. Tiene agua fría y yo me lo arroja. Después me acerco yo y noto que estoy sobre arenas movedizas. Todavía no puedo ver bien porque se me incrustan cristales de sal en los ojos. No me muevo, no me importa hundirme, a yo tampoco. Estoy esperando a las langostas. Vengan a arrebatarme eso! El sol se esta apagando y la luna se cae a pedazos. El cielo a comenzado a envenenarse. La arena ha alcanzado mis tobillos y un aterrado escorpión se acerca, no me tengas lástima, ha comenzado la tormenta de dioxinas y el cáncer ha despertado, mis rodillas ya no son visibles. Ha comenzado a invadirme la niebla. Ahora no puedo notar que hay restos de la ventana que él me regalo atravesando mis entrañas, la hiel fluye y se entremezcla en la arena. El sol ha quedado reducido a una pequeña y enmudecida estrella roja y la luna quedó reducida a una tormenta de polvo plateado. Nada puedes hacer! Te lo mereces, escoria!. La presión de la arena termina por hacerme estallar y mis oidos sangran, al igual que mis pensamientos, el pequeño escorpión corrió a refugiarse tras lo que queda del sol, mirando como la arena llega a mi cuello. No me interesa saber que voy a morir, a mí tampoco, a quién le interesa? tan relevante como una taza de té. La niña ha comenzado su llanto, pero no llora por mí, llora por la luna y el sol. Me odia por destruirlos. La niña me prende fuego en el cabello y sobre las pestañas de yo. Pobre niña. Pobre niña, no debí arrebatarle lo que la mantenía viva, se ha desplomado frente a mi. Estoy por quedar reducida a un trozo de carbón y no me importa.
El sol amanece y se estira, amarillo como siempre, la luna se bosteza y se recuesta. Todo quedó bajo la arena. Ha pasado.
jueves, 11 de diciembre de 2008
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